Daniela BarberiPor: Daniela Barberi, M.A. - George Mason University

Actualmente en Colombia con el proceso de paz es común oír hablar sobre víctimas, reconciliación, perdón y justicia. Sin embargo, no muchos se detienen a pensar las definiciones de los conceptos que están usando. ¿Qué es (o no es) una víctima? ¿Qué es (o no es) el perdón? ¿Qué es (o no es) la reconciliación? ¿Qué es (o no) es la justicia? Como se suele concluir en las ciencias sociales, todo depende. Para una persona la justicia puede ser retribución, es decir, “ojo por ojo”; pero para otra la justicia puede ser rehabilitación, es decir, abordar las causas que generaron el crimen.

La criminología, una ciencia social que estudia el crimen y el sistema de justicia, agrupa diferentes perspectivas sobre la justicia y cómo obtenerla para poder comprender mejor el funcionamiento de los sistemas de justicia y cómo cada uno de ellos, con sus leyes y regulaciones, busca establecer orden en la sociedad. En este artículo se describen seis perspectivas de justicia y cómo cada una de ellas sugiere que se debe abordar el crimen: la justicia del control del crimen, la rehabilitadora, la restaurativa, la del debido proceso, la no intervencionista y la de la igualdad (Siegel & Worrall, 2015).

 

Una de las perspectivas más comunes es la justicia del control del crimen. Bajo esta filosofía un gobierno previene el crimen a través de sanciones criminales. Es decir, que los ciudadanos son disuadidos de cometer cualquier tipo de crimen porque temen la sanción. Para lograrlo, este tipo de sistema de justicia necesita una policía efectiva, castigos fuertes y estrictos de las Cortes y el encarcelamiento de personas peligrosas. Castigos severos, certeros y rápidos garantizan el orden según esta filosofía. El control del crimen es una filosofía costosa que no cree que el sistema este equipado para atender a las personas, sino que debe dedicarse a la investigación criminal y evitar caer en tecnicismos cuando se trata de atrapar a un sospechoso. Según los defensores de esta perspectiva la reducción de los daños generados por el crimen justifica todas las acciones que el sistema de justicia adopte. El problema de esta filosofía es que la investigación muestra que diferentes tipos de criminales no son disuadidos por el tipo o la gravedad del castigo y que muchos otros ni siquiera conocen las penas como para que sea un factor en la toma de decisiones.

Luego está la justicia rehabilitadora. En esta perspectiva la labor del sistema de justicia es estar a cargo de atender a las personas que cometieron crímenes debido a la inequidad social. Según los defensores de esta filosofía el crimen se puede reducir y controlar al proporcionar los medios que mejoren el estilo de vida de las personas. Según esta perspectiva los victimarios son también víctimas de problemas sociales, económicos e interpersonales como la pobreza, el racismo, el clasismo y la falta de oportunidades (entre muchas otros). Un tratamiento apropiado debería prevenir el crimen tanto a nivel individual como colectivo. 

Luego está la justicia restaurativa. En esta perspectiva el sistema no se enfoca en generar castigos y penas, sino que se concentra en generar paz y armonía (Zehr, 2002). Para los defensores de esta filosofía un sistema de justicia que promueva más el castigo y el orden puede estar promoviendo más el crimen porque los actos violentos del gobierno no son diferentes a los actos violentos de la sociedad y sus individuos. El objetivo es la ayuda mutua en vez del castigo para la construcción de una sociedad en armonía. Se propone que restaurar el daño, no continuarlo y la resolución entre víctimas y victimarios se debe dar en sociedad, que fue donde se cometió el delito, y no en una cárcel a miles de kilómetros. La justicia restaurativa propone que el victimario reconozca el daño causado, que haga enmiendas, se reintegre a la sociedad (en vez aislarlo) y que la víctima tenga una voz en un proceso en el que normalmente se le ignora.

En cuarto lugar está la justicia del debido proceso. Esta filosofía cree que el sistema de justicia debe enfocarse en proveer recursos equitativos a todas las personas que se encuentran    en el sistema. El objetivo es contar con procesos imparciales en los que el asesoramiento legal y los recursos a los que se enfrenta un individuo contra el sistema de justicia le permitan un juicio objetivo. Los defensores de esta perspectiva le apuestan a la idea de que ninguna característica personal como el sexo, género, estatus socio económico, religión, etnia o raza (entre otros) influencien el proceso del sistema de justicia. Un proceso que sea invariable para todos los involucrados garantizaría un sistema de justicia correcto.

Otra filosofía es la de la justicia no-intervencionista. Bajo esta perspectiva cualquier tipo de influencia del sistema de justicia en la vida de un ciudadano (castigo o tratamiento) será negativa y generará marcas o etiquetas perjudiciales que llevarán a la estigmatización de la persona en sociedad. Los defensores de esta filosofía plantean que se deben establecer límites en qué tanto el sistema con sus regulaciones es capaz de controlar las vidas de sus ciudadanos. Por esta razón proponen la legalización y la despenalización de cierto tipo de crímenes que no tienen víctimas. Por último, está la igualdad de la justicia que propone que el sistema de justicia debería tener regulaciones estandarizadas que establezcan que a todas las personas acusadas por un crimen se les dé el mismo trato. Es decir, que la discreción dentro del sistema de justicia debe ser mínima y limitada para evitar injusticias e inconsistencias.

En conclusión, la definición de justicia depende de la perspectiva y a partir de esa visión el sistema de justicia actuará de una u otra manera. Pero entonces, ¿cuál perspectiva reduce el crimen y es justa al mismo tiempo? ¿O es una combinación de varias? De lo único que se puede estar seguro es que nadie tiene la respuesta correcta porque toda respuesta estará sesgada por quien esté respondiendo (Pollock, 2002; Wilson & Petersilia, 2010). El objetivo de esta discusión no es definir la justicia. El propósito es resaltar que independientemente de la filosofía que se establezca en un sistema de justicia es imperativo actuar basados en evidencia. Basarse en el conocimiento y la investigación de lo que se sabe que funciona y abstenerse del uso de la intuición y del “sentido común” (Cullen, Myer, & Latessa, 2009; Weisburd, Lum & Petrosino, 2001). Al fin y al cabo, lo más importante es evitar generar más daño que bienestar a la sociedad y la investigación y la evidencia nos ayudan a impedir estas situaciones (McCord, 2003).

Referencias

Cullen, F. T., Myer, A. J., & Latessa, E. J. (2009). Eight lessons from Moneyball: The high cost of ignoring evidence-based corrections. Victims and Offenders, 4(2), 197-213.

McCord, J. (2003). Cures that harm: Unanticipated outcomes of crime prevention programs. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 587(1), 16-30.

Pollock, J. (2002). Morality, Ethics, and Human Behavior in Ethics in Crime and Justice: Dilemmas and Decisions (1-23). Belmont, CA: Wadsworth/ThomsonLearning.

Siegel, L. J., & Worrall, J. L. (2015). Essentials of criminal justice. Cengage Learning.

Weisburd, D., Lum, C. M., & Petrosino, A. (2001). Does research design affect study outcomes in criminal justice?. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 578(1), 50-70.

Wilson, J. Q., & Petersilia, J. (2010). Crime and public policy. Oxford University Press.

Zehr, H. (2002). The little book of restorative justice. Good Books: Intercourse, Pennsylvania